un año de cuentos por delante

casi de vuelta al cole tras las fiestas de navidades, en tiempo de epifanía recibo un cuento de Pilar, un cuento que habla de 3 reyes, de 3 poderes, de 3 capas, y de 3 viajes, que en un punto del camino van a converger en uno, viaje de ida que va a correr la suerte contraria del viaje de vuelta,

en el que el grupo se disgrega, la comunidad se separa, generando de nuevo el 3, ese número mágico que tanto nos gusta y que nos anima a transcribir esta historia con sus 3 poderes y su tristeza, que de todo cabe en un cuento,

la capacidad de mirar a Dios, de amar a los hombres y de sanar,

porque cuando perdemos esa capacidad que nos acompaña en nuestras vidas y que damos por hecha toca la tristeza, está claro, hasta que logremos aceptar la pérdida, o tracemos un plan,

quién sabe si en el camino de ida, quién sabe si en el de vuelta.

y recontacto con una de las 3 dinámicas de 7 emociones en el cole, el cuentacuentos, por medio de cuentos sanadores que nos pueden acompañar en nuestro día a día, cuentos plagados de “causualidades” que también nos hablan de emociones.

por si no queda claro te deseamos un año de cuento, o un año plagado de cuentos, como prefieras.

 

Los 3 reyes magos vivían lejos el uno del otro: Baltasar al este, Melchor en el reino del medio, Gaspar al sur. Sin embargo los 3 tenían algo que los unía: era la profecía del nacimiento del niño divino. Por Él los hombres debían aprender a mirar no sólo a la tierra sino volver a mirar hacia el cielo. Porque los hombres se habían olvidado de ver a Dios, de amar a Dios y hacer las obras de Él. Mientras eran niños, eran aún capaces de ello, pero cuando más adultos se hacían, tanto más se les cerraban los ojos del alma, y el afán por lo terrenal se hacía más grande que su amor a Dios. Los hombres que querían hacer el bien veían con tristeza que a veces era más sencillo hacer sólo lo que les daba las ganas hacer en cada momento. También los sabios reyes de oriente habían experimentado esto con dolor.

Baltasar, el más anciano de los tres, había tenido durante mucho tiempo la capacidad de mirar a Dios. Cuando la noche estaba oscura elevaba sus ojos al cielo estrellado, pero ahora se sentía como un ciego, de vez en cuando veía solamente puntos brillantes en lo alto, mas el cielo estaba vacío y mudo. Entonces se cansó de hablar con Dios en la oración.

Melchor, el rey del medio, no podía hacer otra cosa que amar a los hombres, pues sabía que eran criaturas de Dios: sólo había que encontrar la estrella en sus ojos. Pero una vez ocurrió, después de pasar una noche intranquila, que debió juzgar a un hombre que había robado oro en la cámara del tesoro del reino. El rey se había encolerizado tanto que él había olvidado buscar la estrella en el ojo del ladrón y lo había condenado a muerte. Su propio oro había sido más importante para él que la estrella en el ojo del hermano.

El rey Gaspar, de piel oscura, había poseído siempre la capacidad de curar a través de las manos. Sabía cuál era la hierba que sanaba cada enfermedad. Este regalo del cielo le había sido puesto en la cuna y nadie se lo había enseñado. Muchas personas venían día tras día pidiendo su ayuda y todos habían sido curados. mas cuando su mujer tuvo un niño, el rey Gaspar dudó por primera vez de curar a los que venían a él, por temor de contagiar a su hijito con alguna enfermedad. Ese día mismo se había negado a sanar a diez leprosos. Ahora miraba sus manos y se preguntaba si en su vida podría volver a sanar.

Así llegó el momento en que se hizo de noche sobre los castillos de los 3 reyes. La tristeza había entrado en sus almas antes tan felices y habían desaparecido de ellas las dádivas celestiales de mirar a Dios, de amar a los hombres y de sanar. En sus almas también era noche oscura. Pero cuando parecía que la oscuridad jamás iba a desaparecer los tres reyes comenzaron a soñar con el Niño divino, cada uno a su manera.

Baltasar soñó que estaba junto a un río caudaloso en el cual nadaban estrellas brillantes en vez de peces. Por ese río se acercaba un barco cuyo timón estaba en manos de un niño. Alrededor de sus hombros flotaba un manto azul. Al pasar el barco junto al rey Baltasar, el niño tomó el manto y lo arrojó a la orilla donde estaba el rey. Él despertó tratando de atajar el manto y vio que el manto celestial azul estaba junto a su cama.

Melchor caminaba en sus sueños por un desierto cuyo suelo quemaba como fuego a sus pies desnudos. De pronto saltó un león enorme sobre él. Melchor quería sacar una espada cuando vio brillar la estrella del amor en los ojos de la bestia y abrió sus brazos en vez de matarlo. En ese instante se transformó el león en una llama de fuego que cayó en forma de manto a sus pies. Al despertar por la mañana, también Melchor encontró un manto junto a su cama que era rojo como fuego.

El rey Gaspar tuvo el sueño más pesado. Él mismo era un mendigo leproso que estaba junto a las murallas de una ciudad, hambriento y despreciado por todos, en medio de  un viento helado. Hombres y mujeres pasaban a su lado sin dignarse a darle un vaso de agua o un pedazo de pan. Estaba más cerca de la muerte que de la vida y casi no podía abrir sus ojos. De pronto sintió dos fuertes brazos que lo levantaban cuidadosamente y lo envolvían en algo que lo invadía con el perfume y la suavidad de un prado verde iluminado por el sol. Toda enfermedad, toda pesadez, todo sufrimiento se esfumaban y despertó. Sobre su cama había un manto verde.

En la noche después de los sueños y del regalo de los mantos, los tres reyes vieron en el cielo una nueva estrella desde la cual les hablaba un Niño radiante de luz:

“Emprended el camino. Debéis buscarme y me encontraréis en la tierra”.

Entonces los sabios reyes supieron que la vieja época de la oscuridad del alma estaba llegando a su fin. Reconocieron que comenzaba algo nuevo en el mundo y se pusieron en camino para encontrar al Niño Divino de la estrella.

y saco mis apuntes para la posteridad, en este proceso de apreHender una de las historias más bellas de la humanidad,

Baltasar – más anciano – capacidad de mirar a Dios – manto azul,

Melchor –  el rey del medio – capacidad de amar a los hombres – manto rojo,

Gaspar – de piel oscura – capacidad de sanar – manto verde,

a ver si la próxima vez que me los cruce los reconozco.

7 emociones es un modelo de responsabilidad emocional, inspirado por la teoría del color de Goethe y la teoría u de Otto Scharmer, creative commons, que puedes compartir desde este enlace.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s